Ir al mercado de la Malinche, agarrado del brazo de mi madre
Los niños que fuimos y aquel, generoso, coche rojo de bomberos
Roberto, y su sonrisa generosa, inocente, feliz, plácida, espléndida
Mi particular latino-América y su mirada marina, a mi alcance siempre
Las noches de sexo bien sudadas, ejercitadas, experimentadas
El agujerito, como diría Pescetti, para jugar a las canicas
Las carreteras de tiza, que pintábamos en el patio de la infancia
Las escapadas al zoológico de Aragón y nuestros tigres dibujados
Los fines de semana en el cuartito, armando aviones de madera balsa
Las escapadas a Texcoco cuando, de la escuela, papá nos secuestraba
Los deditos frágiles de Bruno cuando al nacer, me regaló su sonrisa
Aquel frío tremendo en el interior de la capilla de Ronchamp
La primera vez que nos desnudamos y nos recorrimos largo rato
El centro de Coyoacán, con su gente, sus aromas, sus chicharrones con chile
Mi madre con los pies en la piscinita de la terraza, refrescando su catalán verano
Alejandro Filio amenizando con sus canciones Barcelona
El aire en nuestros rostros allá, en la cima de la pirámide del Sol
Ir de la casa a la escuela siempre, agarrado, de la mano de Roberto
Estar sentado frente al mar, mirando el infinito, retozando mis neuronas
Aquella playa de piedras en Tossa, y el mar y el cuerpo siendo solo uno
Cantar sin más, solo por el hecho de gritar la vida
Quedarme aquí, trovando, escribiendo, verseando, amando, compartiendo
Con todo esto cuento yo
/ Para enfrentar la crisis /
POEMA PROPIEDAD DE Humberto González Ortiz
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