TONI Cano
FUENTE: http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=501655&idseccio_PK=1007
Aunque la palabra madre admite también todo tipo de derivados, el vocablo más usado en México es chingar. Ahora, además, está de moda fuera del ámbito familiar o tabernario. Incluso se ha convertido en bandera frente al habla de los fresas, o pijos, que han adoptado como calificativo los numerales mil y cero: "Es un chico mil. Estuvo mil. Cero sexo".
Un correo electrónico demanda estos días revisar y contrastar orígenes, etimologías, mestizajes. Porque, a este lado del charco, la historia de este país se resume así: "Hace un chingo de años, los indios éramos bien chingones, pero llegaron un chingo de españoles y nos pusieron una chinga y desde entonces a todos nos llevó la chingada". Más allá de las nueve acepciones que recoge el Diccionario de la Real Academia Española, el término tiene aquí múltiples significados y sirve para todo. Así, puede denotar fraude: me chingaron; ignorancia: sepa la chingada; amenaza: te voy a chingar; prepotencia: soy el más chingón; distancia lejana: hasta la chingada; o desprecio: vales para pura chingada.
Pero también, celos: ¿Con quién chingados estabas?. Inconformidad: ¡Son chingaderas. Ya ni la chingan!. Exigencia: ¡Vete a la chingada de aquí! Calificativo: chingaquedito. Hostilidad: ¿Y tú quién chingados eres?. Frustración: ¡Ah, que bien chingas!. Incertidumbre: ¿Y no nos irán a chingar?. Y después, certeza: Ya nos chingaron.
Denota advertencia: Síguele y te va a cargar la chingada; incompetencia: No sé qué chingados hacer; enojo: Que vaya y rechingue a su madre;. compasión: Que fea chinga le arrimaron; aburrimiento: Pues, ah, que la chingada; o chisme: ¿Supiste a quién se chingaron ayer?.
La palabreja puede denotar triunfalismo: Ya chingué; o derrotismo: Me chingué; admiración: ¡Ta, chingón!; incredulidad: ¡Ah! Chinga, chinga, chinga; error: Está de la chingada; humor: Está bien que chingues, pero a tu madre la respetas; queja: ¡Qué chinguita con eso!; disgresión: Chingao; terminal: esto chingó a su madre; o despedida: vámonos a la chingada.
También el flamante Diccionario Náhuatl ha puesto de nuevo sobre la mesa de los académicos el gran manjar de lo chingón, lo chingado y otras chingonerías que llegan incluso a lo chingonométrico. En cuanto a la etimología, rechaza la voz caló chingarar, pelear, y reivindica el quechua, el araucano y sobre todo el náhuatl como fuente de la riqueza polisémica y la evolución del vocablo en América.
El gran antropólogo e historiador Miguel Audiffred sostiene otra teoría, lejos de las jergas que envilecen la voz chingar. Audiffred, natural de Oaxaca, ciudad en la que fue guía y amigo del rey Juan Carlos, no solo contradice a los filólogos, sino que además reivindica lo chingón, o bueno, del término: afirma que su origen es la raíz tzin, con la que los aztecas ensalzaban lo sagrado. Y que los españoles pronunciaron chin.
El colibrí y el murciélago llevaban en sus nombres el tzin por polinizadores. Si esta raza de bronce es hija del maíz, polinizado por el murciélago, dice en buena onda el investigador: "Está claro que los mexicanos somos unos hijos de la chingada".
FUENTE: http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=501655&idseccio_PK=1007
Aunque la palabra madre admite también todo tipo de derivados, el vocablo más usado en México es chingar. Ahora, además, está de moda fuera del ámbito familiar o tabernario. Incluso se ha convertido en bandera frente al habla de los fresas, o pijos, que han adoptado como calificativo los numerales mil y cero: "Es un chico mil. Estuvo mil. Cero sexo".
Un correo electrónico demanda estos días revisar y contrastar orígenes, etimologías, mestizajes. Porque, a este lado del charco, la historia de este país se resume así: "Hace un chingo de años, los indios éramos bien chingones, pero llegaron un chingo de españoles y nos pusieron una chinga y desde entonces a todos nos llevó la chingada". Más allá de las nueve acepciones que recoge el Diccionario de la Real Academia Española, el término tiene aquí múltiples significados y sirve para todo. Así, puede denotar fraude: me chingaron; ignorancia: sepa la chingada; amenaza: te voy a chingar; prepotencia: soy el más chingón; distancia lejana: hasta la chingada; o desprecio: vales para pura chingada.
Pero también, celos: ¿Con quién chingados estabas?. Inconformidad: ¡Son chingaderas. Ya ni la chingan!. Exigencia: ¡Vete a la chingada de aquí! Calificativo: chingaquedito. Hostilidad: ¿Y tú quién chingados eres?. Frustración: ¡Ah, que bien chingas!. Incertidumbre: ¿Y no nos irán a chingar?. Y después, certeza: Ya nos chingaron.
Denota advertencia: Síguele y te va a cargar la chingada; incompetencia: No sé qué chingados hacer; enojo: Que vaya y rechingue a su madre;. compasión: Que fea chinga le arrimaron; aburrimiento: Pues, ah, que la chingada; o chisme: ¿Supiste a quién se chingaron ayer?.
La palabreja puede denotar triunfalismo: Ya chingué; o derrotismo: Me chingué; admiración: ¡Ta, chingón!; incredulidad: ¡Ah! Chinga, chinga, chinga; error: Está de la chingada; humor: Está bien que chingues, pero a tu madre la respetas; queja: ¡Qué chinguita con eso!; disgresión: Chingao; terminal: esto chingó a su madre; o despedida: vámonos a la chingada.
También el flamante Diccionario Náhuatl ha puesto de nuevo sobre la mesa de los académicos el gran manjar de lo chingón, lo chingado y otras chingonerías que llegan incluso a lo chingonométrico. En cuanto a la etimología, rechaza la voz caló chingarar, pelear, y reivindica el quechua, el araucano y sobre todo el náhuatl como fuente de la riqueza polisémica y la evolución del vocablo en América.
El gran antropólogo e historiador Miguel Audiffred sostiene otra teoría, lejos de las jergas que envilecen la voz chingar. Audiffred, natural de Oaxaca, ciudad en la que fue guía y amigo del rey Juan Carlos, no solo contradice a los filólogos, sino que además reivindica lo chingón, o bueno, del término: afirma que su origen es la raíz tzin, con la que los aztecas ensalzaban lo sagrado. Y que los españoles pronunciaron chin.
El colibrí y el murciélago llevaban en sus nombres el tzin por polinizadores. Si esta raza de bronce es hija del maíz, polinizado por el murciélago, dice en buena onda el investigador: "Está claro que los mexicanos somos unos hijos de la chingada".
2 comentarios:
Hola Humberto
Qué bueno está este artículo de “chingadadería”...
Cuántas voces inventadas y genialidades no reconocidas nos van dando una idiosincrasia peculiar, y cómo prende y llega al “caracú” y al corazón de los que saben lo que es vivir tierra adentro...
Chingona reflexión, amiga del sur!...
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